Todos somos seres en constante cambio. Que en esencia somos los mismos, es cierto, pero las múltiples circunstancias que nos rodean día a día, nos modifican conductas, emociones y demás.
Blue Valentine le apuesta a eso, precisamente. Como una persona puede no ser la misma en unos años, el amor entre ésta y su compañero, va transformándose. A veces logra adaptarse, a veces no.
Este es el caso en el que el amor no se adaptó.
Ryan Gosling y Michelle Williams emprenden una labor casi quijotesca. Mantener dos horas en vilo al espectador a través de diálogos. Y logran salir maravillosamente airosos de ello. Para alguien quien aprecia la actuación y sus infinitas formas éste será un banquete de la expresión visual.
A pesar de la crudeza de sus escenas, Gosling le introduce al filme ciertos respiros necesarios, y desde ya parece ser un digno sucesor de Ralph Phiennes, lo cual acaparará la atención de las féminas. Un amante romántico y obsesivamente fiel. Otro de los motivos con el cual podrán deleitarse.
Y su director, Derek Cianfrance, hace uso de flashbacks intermitentes para contar el comienzo y el final, precisamente porque es tan difícil su visionado, que es necesario tratar de “agilizarlo” un poco, sin embargo, observar cambios entre el antes y el después de manera intermitente hace que se sienta más la degradación de la relación que transita desde lo más dulce hasta lo más agrio.
Un drama crudo en los tiempos postmodernos del amor que vale la pena ver por las actuaciones brillantes de Gosling y Williams.
Escena para no perderse: El motel azul.
Mi recomendación: En plena era de efectos digitales, este filme puede que no tenga la aprobación del espectador común. Si usted es uno de esos, hágase un favor y absténgase de su visionado.







De una novela trasladada al cine del autor Chuck Hogan, “Príncipe de los ladrones”, Ben Affleck logra recuperarse de las anteriores propuestas visuales que nos había hecho, -sin incluir Gone Baby Gone, por supuesto-. Si bien Affleck no me termina de convencer como actor, como una opinión personal, debo expresar que no le veo talento para esto, - a pesar de los esfuerzos y la experiencia-, es mí deber dar a conocer que Affleck tiene todos los “cojones” necesarios para ser un excelente director de acción y/o thriller psicológico.
Hay que aclarar que a pesar del ensamblaje, hay actuaciones que equilibran el peso de otras, como Jeremy Renner, a quien reconocemos por su nominación al Oscar por “The Hurt Locker”, un actor que venía cocinándose desde hace más de una década y a quien, finalmente –para beneplácito de todos sus espectadores-puede sustraérsele la mayor parte de su potencial. Acción que sólo excelentes directores como Kathryn Bigelow en su momento y Affleck, ahora, pueden lograr.
















Finalmente, no pude evitar odiar en mi la satisfacción que encontré de que exista en este relato esa ucronía “subgénero de ciencia ficción que podría denominarse como novela histórica alternativa”, de tener la posibilidad de “redimir” aunque sea a manera de fantasía, a una parte de la humanidad en ese absurdo episodio de la historia, en la que Tarantino pudiera aniquilar a los Nazis a su antojo. En aquella época donde a un hombre decidió que provenía de una raza superior y que éste sería motivo suficiente para acabar con sus congéneres. Y decidió pintar con sangre porque la Academia de artes de Viena le negó la admisión. Ahora solo me alegra de que a Tarantino se le brinde la posibilidad de hacer catarsis de su violencia a través de la cámara. Y que lo único que acceda a pintar con sangre sean imágenes de Bastardos sin gloria alguna. 
