OBSESIONES

Reseñas de cine con carácter crítico.




No soy fan de Woody Allen, nunca lo he sido. Esto no hace parte de una manera de juzgarlo, porque en realidad lo que hace o deja de hacer un artista en su vida personal no merece ser relacionado de manera negativa a su producción intelectual.


La verdad sea dicha. No me gusta ese hombre pequeño con cabellos desordenados que siempre parece atropellar palabras una tras otra cuando se expresa. Creo que se encuentra en un estado absurdo de negación del otro cuando lo hace. Como si solo quisiera darse a entender a sí mismo.


Así que la única manera en la que pueda enfrentarme a sus producciones es a través de sus actores. Si un actor de sus obras me llama la atención, ahí mismo voy corriendo a verlo.
Esta vez tenía un nombre. Naomi Watts. La mujer a la que le han robado el Oscar infinidades de veces.

En los círculos de Hollywood más selectos, ser una musa del Sr Allen es casi como ser una musa de Almódovar en España, la mujer escogida se convierte automáticamente en un preciado “objeto del deseo”, cual revista Vogue.

Sin más preámbulos y más chistes, este filme me parece un fiasco completo. Es aburrida, lineal, predecible y vacía. Con ausencia de puntos de giros que puedan maravillar al espectador más allá de lo común.

Una historia de dos matrimonios que se funden en vacíos y deciden que encontrar una nueva pareja es la solución a sus problemas, pareciera que pueda dar para tela de donde cortar, pero al final nos quedamos con ganas de encontrar algo más allá que lo que observamos en todas las telenovelas. Una profunda desazón y desconcierto.

El final es inconcluso. Creo que es una marca de su director, aún así, esta vez parece que le faltaron rollos por filmar, porque el filme le quedó por la mitad.

Puntos como la narración omnisciente de siempre, excelente elección de casting –que termina desaprovechando con Sir Anthony Hopkins, Josh Broslin Y Watts-, su infaltable humor negro y la elección de un color único – mi amado rojo- para vestir a su musa una y otra vez, convierten este filme sino en aceptable, un visionado que se puede dejar para un domingo en la tarde, cuando ya no haya más nada que ver.

Escena para no perderse: No hay.
Mi recomendación: Si quiere ver algo de Woody Allen, busque “Match Point” y no se arrepentirá.

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