OBSESIONES

Reseñas de cine con carácter crítico.

12/13/2011

MONEYBALL

Publicado por Carolina Pardo Delgado |




Los pitagóricos tenían la concepción de que todas las cosas son numerables, y muchas de ellas, las podemos expresar numéricamente, entendida esta teoría como “el número como principio de la naturaleza”. Por lo cual no es de extrañar que un jugador de béisbol pueda ser medido con base en números. Y mucho menos que Billy Beane, el manager de los Oakland Athletics, se haya identificado con este principio para guiar al éxito a su equipo.

Este filme demuestra que la genialidad no tiene límites, así como tampoco lo tiene la recursividad. Un hombre sin escolaridad superior utiliza la sabermétrica (o análisis estadísticos) para llevar a cabo un plan en el que utiliza a jugadores que generalmente son rechazados por otros equipos, ya sea por cuestiones de edad, de estilos de lanzamiento, actitud o por cómo luce su novia – tan irrisorio como cierto-, y crea una plantilla de jugadores que al inyectarles la dosis exacta de confianza terminan por romper un récord estadounidense histórico en número de juegos seguidos ganados.

He aquí el gran logro del filme al adaptar la esencia del libro de Michael Lewis “Moneyball: El arte de ganar un juego incierto”: demostrar que hay otras formas de evaluar a un jugador sin que la temidas implicaciones subjetivas intervengan, las cuales impiden ver los posibles diamantes en bruto. La guerra entre intuición y revolución numérica es la línea argumental principal insuflada en esta historia con bajos egos pero que demuestra como las estadísticas cambiaron el imaginario del juego.

Puede que al espectador habituado a historias facilistas le disguste la austeridad y el bajo aire triunfalista de este filme, que la encuentre un poco insulsa debido a la ausencia de cuotas exacerbadas de emocionalidad. Porque sus emociones precisamente yacen debajo de la superficie, en el subtexto, en lo que no se ve a simple vista. En aquellos momentos de silencio donde parece decir nada, es precisamente cuando más se dice.

Ya Bennet Miller, su director, había girado su vara mágica para enaltecer a Phillip Seymour Hoffman en “Capote”, guiándolo hacia el Oscar, de igual forma, Brad Pitt con esta representación carismática, madura, sólida, austera, emotiva aunque restringida, y con un agudo sentido del humor, se ve igualmente encaminado a formar la plantilla de los nominados a la estatuilla dorada en el 2012. A la cinta parece haberle favorecido el cambio de Soderbergh a Miller después de que el primero renunciara al proyecto. Como resultado: un estilo directorial pausado, maduro y asertivo.

Igualmente ya hay quienes han señalado a esta cinta como la mejor pieza fílmica que se haya hecho sobre béisbol en la historia del cine y hay quienes la han comparado debido a su componente erudito con “The Social Network” (punto en común el co-guionista Aaron Sorkin): debido a la presencia de las estadísticas como base para la reingeniería del juego y a la de un nerd recién graduado de Yale en Economía quien se convierte en la mano derecha de Beane, al compenetrarse tan sagazmente que pareciera se leyeran la mente entre sí.

Entre los componentes a resaltar se encuentran: la excelsa fotografía tanto en planos abiertos como cerrados, el manejo de cámara que por momentos le otorga una cualidad intimista a la narración visual. Una edición fluida que alterna constantemente entre flashbacks históricos y momento presente (tipo documental).

Para aquellos quienes no somos entendidos del juego, puede que algunos datos y tecnicismos nos resulten frustrantes, pero el método de intercambio de jugadores entre equipos como objetos, y la sabiduría para negociarlos, diferenciar tanto los sobrevalorados como los subvalorados –debido a prejuicios de los directivos en la industria- si bien no logra romantizar del todo el juego, por lo menos nos invita a mirarlo con otros ojos.

Puede que el personaje de Billy Beane interpretado por Pitt esté lejos de las estrategias usuales para los Oscares, pero bien puede batear un jonrón inesperado. Esperemos que este filme no se aferre ulteriormente a la seguridad de la primera base, sin darse cuenta que ha hecho un jonrón, o que por lo menos, está a la vista.

Escena para no perderse: Absolutamente todas. Especial mención para el jonrón.

Mi recomendación: No la descarte por su temática restringida. Puede que tenga una sorpresa.



Tal como cuando una persona genera posiciones radicales debido a su excéntrica forma de ser, es decir, que logra ser amada u odiada en su máximo exponente es como auguro o ratifico que puedan estar apreciando este filme quienes lo vean en un futuro o lo hayan visto. Una visión tan disímil como unísona que podrá ir generando ya sea buenos consensos o terribles disparidades.

Y tengo que advertir que su elevado contenido sexual (no solo a copular me refiero), puede que interfiera con el visionado para algunos puristas o religiosos extremistas. Tanto, que por momentos me sentí viendo un filme pornográfico con diálogos inteligentes.

Y como para amar algo hay que conocerlo, (es irrisorio tener sentimientos por lo que sea sin esta condición) temo que sea entendida solo por quienes han tenido la fortuna de revisar la filmografía de Pedro Almodóvar, ya que viene siendo, -me atrevo a afirmar- una especie de conjunción entre “Átame” y “La mala educación”, de las cuales extiende algunos elementos.

Componentes como el indispensable color rojo, línea argumental melodramática en exceso, una dirección de arte que a cualquier persona de extrema sensiblería fácilmente le provocaría un orgasmo visual, un guión que poco más o poco menos parece ser traído de los cabellos, pero que va relacionado con la personalidad retorcida del genio Almodóvar, conforman sus percepciones maduras de la vida.



Un filme que combina varios géneros, pero que en últimas se va quedando en medio del Horror, como protagonistas, un científico loco con un plan macabro, una mujer captiva con cierto síndrome de Estocolmo enrollados en una claramente desviada atracción sexual psicótica. Como plato fuerte, la química entre Antonio Banderas y Elena Anaya que por momentos es ausente, pero que se retoma en otros.



Roberto, el cirujano maquiavélico de la historia, ejerce una dominación sobre todos los personajes de la misma. Aunque en el fondo no siente nada por ninguno, ellos representan los medios para satisfacer su obsesión de crear una piel única en su especie. Una especie de Victor Frankestein postmoderno, un tanto lujurioso –extraña e hilarante combinación- que termina por confundir el orgullo de su creación por atracción física junto a cuotas exacerbadas de erotismo.

Estas y otras perversiones de índole psicológicas y sexuales, que esta vez extraviaron el romance serán reiterativas durante las casi dos horas de metraje, así que si no está cómodo con estas situaciones es mejor que se abstenga de su visionado.

A resaltar ampliamente el diseño de producción de la obra en su totalidad, la restricción directiva de Almodóvar que va guiado a formar un equilibro ante las actuaciones desmedidas de sus personajes, incluyendo a la actriz Marisa Paredes – la reina por excelencia en la desmesura, - y su línea en el filme un tanto risible, “… llevo la locura en mis entrañas”. Los constantes fetiches de su director como la obsesión, belleza, la locura, venganza, sexo y pasión, aparecen una vez más en este thriller, melodrama horrorífico que toma lugar en una mansión solitaria.

Ciertas simbologías recurrentes le otorgan riqueza como la figura fálica, que se puede apreciar en la máscara que utiliza la protagonista en el poster central, un maniquí que avanza en la calidad de su elaboración – de paja y medio vestido a un exquisito atuendo rojo con collar- invita a pensar en una transición de la protagonista. Y un posible símbolo Ying-Yang que se forma en el rostro de ésta mientras dibuja sombras y luces. Un libro de Louis Bourgeois –escultora francesa fallecida el año pasado- y varias esculturas semejantes a su obra son manipuladas por Vera-la protagonista- , las constantes de Bourgeois, la utilización del cuerpo femenino como objeto, la sexualidad, trauma y alienación parecen entremezclarse con perfección a lo que desea expresar Almodóvar. Vera observa en la televisión una escultura de título “Siete en la cama”. Asimismo, el sentido de querer poseer al “ser amado”, tras ser espiado a través de una pantalla, ya lo habíamos visto en “Los Abrazos Rotos”.

La riqueza artística no es opacada por la historia que bien no tendrá cabida en muchos espectadores que estén cerrados a diferentes formas de expresar sexualidad en el ser humano. Y a pesar de que tuve que tomar cierto tiempo para digerirla después de quedar en un ligero choque mental, aplaudo el regreso maquiavélico de Banderas al cine español que le cae como anillo al dedo.

Escena para no perderse: Absolutamente todas.

Mi recomendación: Por su alto contenido sexual, abstenerse menores de edad, puristas, religiosos extremistas, o personas sensibles a altas dosis de horror psicológico.





Qué tanto asco nos puede llegar a producir la corrupción política que muy bien parece haberse apegado a aquello de que “el fin justifica los medios”, es la premisa central de esta historia que aunque no revela más allá de lo que promete, por lo menos sienta las bases para inmiscuirse en las trastiendas de la más cruda ambición.

Ryan Gosling, secretario de prensa del gobernador es un feroz idealista que dejaría de lado a quien fuera que entorpeciera su camino, y quien en plenas elecciones primarias presidenciales entrará con bombos y platillos en medio de un enérgico escándalo que pone a prueba sus ya de por sí, escasos valores morales.

Y muy a pesar de su narración lenta, justo después de los primeros cuarenta minutos, cuando se siente que la historia no va para ningún lado, toma fuerza y nos sacude emocionalmente de tal manera que empezamos a verla con otros ojos. Un escándalo está a punto de salir a luz y Gosling hace lo suyo para tratar de “arreglar” el asunto. Pero como buen joven inexperimentado, les ha entregado la carnada perfecta para los grandes tiburones que merodean a su alrededor dispuestos a atacar.

Para aquellos quienes deseen revisar el tráiler para elegir entre verla o no, éste parece no decir nada y todo a la vez. Porque precisamente los puntos claves más celestiales del filme radican en lo innombrable, en lo inmostrable, en lo inexplicable. (Tendrán que verlo por ustedes mismos)

Sentarse por cuarta vez en la silla de director le debe presuponer un gran goce a Clooney quien después de haber “sudado la camiseta” como actor, se le ve que nada en aguas totalmente conocidas.

La razón de éxito de Clooney: ha elegido una historia profundamente sarcástica que raya en el más absurdo de los cinismos y que eleva las disquisiciones profundas acerca de la corrupción, eligiendo un excelso complejo actoral para proporcionarle un exquisito aderezo: Ryan Gosling, Phillip Seymour Hoffman, Paul Giamatti y Marissa Tomei. Y es en estas poderosas actuaciones con las que su bajo presupuesto experimenta el más superlativo de los clímax.

Y como tenemos conocimiento, la generación de noticias y la producción cultural de un país proporciona un imaginario colectivo entre los extranjeros, lo que los invita a señalar un país como peligroso, corrupto, o potencia máxima, y demás infinidades de percepciones que les produzca su mente. Es de saber que Hollywood tiende a señalar a Estados Unidos como el país héroe, entre el resto que somos unos parias del mundo. Razón por la cual para aquellos quienes vemos el filme fuera de su territorio, nos sorprende que se muestre el otro lado de la moneda, el mismo que recurren a esconder por todos los medios a través de posiciones heroicas y muchas veces edulcoradas a su máximo nivel. Por lo tanto, ver la elevada corrupción política de sus protagonistas nos estremece hasta los huesos. Hechos de ficción que bien pueden experimentar cabida en la realidad.

Asimismo, detrás de esta historia podemos ver como se mueven dos pesos pesados de la industria fílmica hollywoodense: George Clooney (director) y Leonardo Dicaprio (productor ejecutivo), y contrario a lo que se podría pensar, en vez de ahogar a quien bien podría ser su contendor para los oscares: Gosling, le ceden el puesto de protagonista. Y Clooney como director le abre el espacio perfecto para que brille en todo su esplendor y como actor le otorga un cara a cara –escena con una iluminación bastante destacable-, que lo pone a prueba. Clooney así, le abre camino para que Gosling madure libremente. Es claro que estos hombres ven a la industria como un monte Everest para escalar, para el cual de manera estratégica necesitan de un equipo que no se pise de manera irracional los talones entre si, sino que se inviten a compenetrarse libremente, premisa que irónicamente es la antítesis de la que aparece en el filme.

Desde aquí le auguro un buen futuro. Esperemos que llegue a los Oscares, y que ojalá a pesar de su disminuido mercadeo y bajo presupuesto logre seducir a los miembros de la academia.

Escena para no perderse: Absolutamente todas.

Mi recomendación: No se pierda de este drama político que sitúa a Gosling como un naciente actor maduro.

11/26/2011

COLOMBIANA (VENGANZA DESPIADADA)

Publicado por Carolina Pardo Delgado |



Hay algo que siempre me llama poderosamente la atención de mujeres vengativas representadas en el cine. Ellas llevan consigo ese cierto aire de desazón interna en el alma, mezclado con la necesidad imperiosa de la venganza bajo todas sus formas, ya sean éstas justificables o no. Es así como una Rosario Tijeras, Beatrix Kiddo o Erica Bain, pueden llegar a convertirse fácilmente en alter egos de cualquier mujer que se sienta ultrajada.

Es la fémina que ha sido violentada en su ser más íntimo hasta que el demonio que llevan dentro se les escapa.

Afirmo que me siento representada. Es obvio. Una mujer hace lo que quiere con un arsenal completo de pistolas, metralletas, y técnicas de defensa personal. Y se va vengando de todos los que le hacen daño. Hasta los hombres de tamaño de un dinosaurio son un mero obstáculo para esta mujer de proporciones casi anoréxicas, lo cual, entre otras cosas, es risible. Que si le dieran una de éstas armas a una mujer en un mal día… Ya habría mucho daño en las esquinas. Pero siempre están aquellas armas que podemos empuñar. Aunque se escuche cursi. Las armas del amor. (Que se vea la cursilería de mi cumpleaños).

Entre otros componentes irrisorios está la imagen fugaz de Pablo Escobar al inicio del filme, y la imagen de una Bogotá calurosa y polvorienta.

No obstante, saliéndome de toda fanática y pueril internalización de un claro producto comercial, designar el título de “Colombiana” para una mujer asesina no es precisamente la imagen que el país se puede dar el lujo de tener dados los tiempos que corren, y éste no podría ser un título más inapropiado, justo cuando la nación está dando grandes peleas contra la violencia.

Y el tráiler repite tantas veces como una mantra: “Cataleya, nunca olvides de donde vienes…”. De Colombia, por supuesto. Y como futuras relaciones mentales que extranjeros realicen entre mujer y Colombia estará una asesina.

Varios críticos señalan como una falencia en el filme, la dirección errática de su director, con lo cual tengo que concordar que la fuerza escénica que Saldana le confiere a su rol es casi lo único a rescatar dentro de un sinnúmero de errores, que van desde un guión predecible hasta la selección de un complejo actoral que no van más allá de ser simples obstáculos para la protagonista. Es por tanto obvio que un producto al que se le ven ciertas ruedas flojas no se encamine al 100%.

Entre encuadres de cámara desaprovechados, edición y música claramente superfluas, este filme no logra tomar las riendas de lo que pudo haber sido.

Sin embargo, millones de mujeres seguirán viéndose representadas en una sola que lo hizo todo por el trauma que a ésta le confirió la violenta perdida de sus padres a temprana edad. No es de ninguna forma excusable, pero es entendible.

Escena para no perderse: Cataleya nadando entre tiburones.

Mi recomendación: Solo véala si usted es una mujer con sed de venganza.




Una intensa hipocondría, incluso en el espectador más psicológicamente inmune es el resultado más certero que causará el visionado de este filme. Y es la misma razón por la que he retomado los anti-bacteriales de mano y compraré Forsitia en una tienda naturista tan pronto como pueda.
















Un virus letal se esparce alrededor del mundo en una proporción desmesurada, y tanto la Organización Mundial de la Salud como las autoridades gubernamentales de Estados Unidos – que sorpresivamente otra vez aparecen salvando al mundo (léase la ironía)-, se ven amenazadas ante la propagación de semejante invasor corpóreo que termina con la vida de millones de personas, causando una instantánea hemorragia cerebral, con síntomas muy parecidos a la influenza. De allí a que la histeria colectiva que se aprecia durante casi dos horas, cale con gran profundidad en la mente del espectador.


Y muy a diferencia de los blockbuster comunes en los que el apocalipsis se ve muy de cerca, -con abruptas y repetitivas secuencias de acción y naves explotando por doquier, alienígenas que secuestran el planeta tierra-, el carácter silencioso y casi traidor del virus que se nos presenta y que eleva de manera exponencial especulaciones y cuestionamientos de todo tipo: políticos, de salubridad, científicos y por supuesto, éticos, pondrá a trastabillar en su relación con otros seres humanos en el día a día, a más de uno.

Con sellos de éxito como la dirección de Steve Soderbergh, a quien reconocemos por su liderazgo en la dirección de actores colectiva y a gran escala que ha manejado desde las Ocean’s 11, 12 y 13, esta vez no da rodeos en demostrar que los actores de peso pueden ser más que simples nombres atractivos para el espectador. Por ello, a fin de superponer la historia como el ser superior, sacrifica el glamour de sus estrellas, mientras las convierte en seres con los que fácilmente nos podríamos identificar.

A pesar de que el complejo actoral es equilibrado, en cuanto a la pacificidad y profesionalismo que representan las actuaciones de estas estrellas en un thriller que sabe más a docudrama, el personaje que más llama la atención tanto por varias implicaciones moralistas, como por el elemento clave y postmoderno que introduce en la historia es representando por Jude Law, quien le da vida a un -por algunos momentos risible y otros excitante-, activista blogger con teorías conspiratorias acerca de la relación de la propagación de los virus y el beneficio que ello podría representar para las compañías farmacéuticas. Se recalca dualmente la importancia de los blogs sobre la masa y la reconocida fortaleza de los emporios mediáticos, y de cómo la información incorrecta, según palabras tomadas del mismo filme, puede llegar a ser más letal que una pandemia médica.


Puede que esta cinta contenga diálogos predecibles y una narración visual un tanto lenta que por momentos pueda perder de vista al espectador acostumbrado a narraciones trepidantes, y que decaiga en el ritmo después de la primera hora, pero se beneficia de tanto una dirección como de actuaciones naturalistas que lo logran establecer junto a fines ulteriores más artísticos que específicamente comerciales.

Cómo el virus se esparce de una manera alarmante, transmutándose de persona a persona, mientras científicos y burócratas buscan contener infructuosamente la situación, la manera casi absurda de la distribución de la vacuna para el mal, y explicaciones científicas donde el virus es un intruso meramente hostil en la propagación del mismo son factores que emergen para demostrarnos la espeluznante plausibilidad de su premisa, en tanto nos recuerda que los desastres se encuentran escondidos en las interacciones mundanas.

Un filme que contagia –afortunadamente no un virus letal-, sino una recalcitrante y perturbadora agonía proveniente de tanto sus personajes principales como de los secundarios, y que va in crescendo conforme que va avanzando el tiempo a través de la lente de Soderbergh.

Escena para no perderse: Absolutamente todas.

Mi recomendación: No se pierda de esta exquisita pieza de arte.

9/13/2011

MIDNIGHT IN PARIS

Publicado por Carolina Pardo Delgado |







No soy fanática de Woody Allen. Aunque siempre me llamó la atención su forma de actuar en la pantalla grande, en un sempiterno estado nervioso, casi neurótico, atropellándose las palabras, como si su cerebro se le adelantara a sus cuerdas vocales.

Por lo cual no me cabe duda de cuales fueron las razones por las que Owen Wilson fue seleccionado para el rol principal, tal parece un nuevo alter ego de melena rubia de Allen, con el mismo estado neurasténico en su hablar, tal como si se le estuviera apuntando con un arma en la sien.


Y vemos viajar al personaje de Wilson a través del tiempo, ya no a través de una capsula, ni un increíble artefacto, no, esta vez Allen nos introduce en la simplicidad de un automóvil vintage, para viajar hacia la época dorada de la década de los años 20 en la que encontrar personajes como Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, Pablo Picasso, Salvador Dali, Luis Buñuel, entre otros, es tan sencillo como doblar la esquina, o al sonar de una campana a las doce de la noche.

Gil Pender es el personaje interpretado por el reconocido comediante Owen Wilson, personaje que en esta historia obtiene el beneplácito de reencontrarse con sus ídolos del pasado cara a cara lo cual le presupone un estado compensatorio de felicidad fugaz para aliviar los pesares de la vida misma y, con cual mefistofélica droga, le es sino imposible, por lo menos, insufrible, retornar a su vida regular.

Para complementar el casting encontramos, por su supuesto a la inolvidable Marion Cotillard, - el nuevo ícono artístico de Paris en cuanto a actuación se refiere-, sumado a Michael Sheen – como olvidar al primer ministro en The Queen- y Adrien Brody – El Pianista-Un completo y altamente seleccionado reparto en lo que a talento se refiere es lo que Allen se traía entre manos, por lo cual relatarnos esta historia con la que con otros actores habría pasado de ser más que inverosímil, sarcástica e ingenuamente divertida a un bodrio total.

Michael Sheen brilla como el pedante intelectual quien no gasta oportunidad para realizar comentarios desde su egocéntrico altar, al tiempo que Pender se desespera por ser un hombre de ego mediano quien a pesar de su exitosa labor no se considera a sí mismo igual para enfrentar las eternas elucubraciones del personaje de Sheen.


Por ello, más que la historia misma, se debe señalar que es un guión completamente estructurado, con altas dosis de humor intelectualoide, y que, a pesar de su ucronía no parece rayar en lo absurdo para el espectador.

Hay que agradecerle a Allen, la simplicidad con la que maneja la transportación del personaje hacia otra época, además, por supuesto, de la dirección de actores, el cual es uno de sus fuertes.
Congregar a la denominada “Generación Perdida” en un filme es otro de los magnos logros de Allen que desde ya le ha augurado pasos agigantados hacia los próximos Oscares. Este término es acuñado por la mecenas norteamericana, Gertrude Stein, -Kathy Bates-, quien mantenía una relación estrecha con los nacientes artistas del momento y que a su vez, mantenía su casa como el centro de entrada y salida de escritores, pintores y escultores. Stein, es quien de manera ficcional valora el nuevo proyecto de libro de Gil, por lo cual éste brilla de la emoción, mientras su obra es revisada milimétricamente por este mítico personaje, Pender es objeto de insomnio e incredulidad.


Pasearnos entre la nostalgia de los años 20, los denominados “años locos” en la capital parisina y situarnos transitoriamente a finales del siglo XIX, es otro de los objetivos de Allen, mientras, vemos a Toulousse Latrec, que conversa ampliamente con la ficcional Adriana, -una aspirante a diseñadora de modas que reclama ser la nueva musa de Picasso-, quien también había sido interpretado años antes por Leguízamo en “Moulin Rouge”, por ser un cliente asiduo del mismo.
Y vemos la plena diversión de estos años, donde elementos como la tecnología y antibióticos no tenían cabida. Y asistimos a la comparación entre épocas de las que el mismo Allen ha sacado a relucir en sus entrevistas.
Ya varios filmes nos habían entregado una cuota de París como “Beso Francés”, “Dos días en París”, “Divorcio a la francesa”, o “Le fabuleux Destin d’Amelie Poulain”, (recomendadas todas), algunas que vienen a mi memoria prontamente y miles o millones más de las que no me acuerdo en el instante, no obstante, ninguna había dado un paso firme en el viaje en el tiempo entre la misma ciudad. Y éste es uno de los hallazgos más acérrimos en la historia, confluir dos épocas con un personaje que si bien no logra acoplarse del todo, por lo menos su personalidad paciente y jocosa lo convierte en invitado de honor para permanecer alrededor de estos míticos personajes.

Escena para no perderse: Todas.

Mi recomendación: No se pierda de esta exquisita pieza de arte. Corra ya hacia su cine cercano favorito!

9/13/2011

PREMIO BLOGGERO

Publicado por Carolina Pardo Delgado |




Es una gran sorpresa recibir un premio de parte de los lectores, y que más, que los mismos blogger-cinéfilos que son jueces, testigos y compañeros de la travesía que decidimos quienes mantenemos un espacio en la red y que día a día lo alimentamos de nuestra obsesión más férrea: el cine. Hoy, le doy gracias a Gerardo Medina del blog Cinéfagos Anónimos, quien me ha otorgado este premio, en vísperas del segundo año de este blog que se cumplirá en tan sólo siete días.

El premio bloggero tiene como objetivo principal ser una puente de comunicación entre bloggers, una manera de que todos nos conozcamos y de que nuestro trabajo sea un poco más conocido en la blogosfera. Posee cuatro requisitos fundamentales que deben cumplirse:

• Anunciarlo en una entrada de tu blog.
• Premiar a otros 10 blogs amigos y avisarles.
• Poner un enlace al blog que te ha concedido el premio.
• Compartir una frase y explicar por qué te gusta.

Dialoguista de Dialógos Cinéfilos

Giancarlo Verastegui de No es un blog habitual

Alberto de Demasiado Cine

Pabela de La Cinerata

Xavier vidal de Cinoscar y Rarities

Margui de Insensatos en Moria City,

Jose Barriga, de Un blog de Jose Barriga

Damián de Luca de Mas que palabras

John Blutarsky y Capitán Spaulding de La casa de los horrores

Pablo Martinez de El blog de Palitoh

Mi frase proviene de 500 days of Summer, una de los filmes románticos más representativos de esta era.

"For Tom Hanson this was the night that everything changed, that wall Summer so often hit by, the wall of distance of space, of casual that was slowly coming down, a place a few were invited to see".

Espero no ser esnobista en colocarlo en inglés, pero suena mucho mejor así...
Es justo cuando Summer deja entrar a Tom a su corazón, dejándolo ingresar en su espacio... aunque no sería por mucho tiempo...




Una enorme sensación de que algo le falta al filme es lo que muy seguramente percibirán los espectadores que vayan corriendo a las salas a ver este denominado Blockbuster o superproducción, con el titulo de (R) evolución planeta de los simios, con el que se espera por lo menos dos horas de acción en que estos animales se apoderen del planeta. Pero lo que realmente les aguarda parece ser una precuela de “El planeta de los simios” de 1968 protagonizada por el mítico Charlton Heston.

Aunque el título se encuentra parcialmente lejos de una sincronía con la historia, porque la revolución llega a menos de la mitad, el director juega una carta principal con todas las de la ley logrando un acercamiento entre el simio principal de la historia (Cesar) protagonizado por Andy Serkis, el mismo actor que haría las impresiones faciales y corporales para “El señor de los Anillos” como Gollum, y luego para "King Kong". Reconociendo así su trayectoria en conjunto con su brillante don Kinestésico, no es de esperar que la fusión entre el público y el simio sea casi simbiótica, además de que somos testigos de su nacimiento y posterior evolución.

No obstante, estoy un poco decepcionada de James Franco a quien al parecer todavía le falta fuerza escénica para apropiarse de un rol de científico obsesionado con encontrar la cura contra con el Alzheimer. Su personaje carece de cierta pasión y de sentido guerrero, -según el perfil de un creador-, más aún cuando la vida de su padre está en juego por la misma situación. Franco se encuentra muchas veces desvinculado emocionalmente, lo cual no motiva a sentir nada por su personaje. Y termina siendo manejado más como un títere del director, que un actor con carácter que pueda permitirse el peso de la superproducción.

El verdadero protagonista de este filme es la captura de movimiento de imágenes generadas por computador o CGI, a través de la compañía de Peter Jackson, Weta Digital que se encargó previamente de los efectos de “Avatar” “El señor de los anillos”, “King Kong”, entre otras. Weta es la responsable de que sea difícil creer que estos simios no son de carne y hueso.

Un guión que si mal viene con cierto sabor a inconcluso, en el que la resolución de la historia nos queda muy floja, plantea ciertos oportunos cuestionamientos de manipulación genética en animales, y sus nefastas consecuencias para la población humana.

En cuanto a la generación de la (posiblemente) inexistente droga ALZ 112 o su posterior evolución a la 113, se halla la cura ficcional para la pérdida de las normales funciones cerebrales del ser humano cuando el Alzheimer hace su presencia, añadiéndole funciones extra, como la evolución de las mismas que derivan hacia una mayor potencialización de la capacidad cerebral, algo parecido a la droga de “Sin límites”, la NZT-48.

Como sabemos, la industria fílmica va arrojando historias por doquier según sean los miedos o necesidades del ser humano en la era que le ocupe. Al parecer, estamos preocupados en generar un perfeccionamiento en las células cerebrales, o en poder acaparar mucho más del supuesto 10 o 20% de capacidad a la cual podemos acceder.

Un complejo de efectos especiales que ya habíamos visto, y por lo cual, muy pocas escenas realmente emocionará, y que muy a pesar del excelente trabajo de Weta Digital y de Andy Serkis, éstos quedan parcialmente opacados por la actuación simplona tanto de Franco como de Pinto (Slumdog Millionaire), entre otros. Este filme se reduce a un blockbuster entretenido que ha sido comparado con la creación de Frankestein, el cual se le sale de las manos a Victor, "progenitor" o inventor, tal como al personaje interpretado por Franco, se le escapa Cesar.

Escena para no perderse: Todas.

Mi recomendación: No vaya con altas expectativas y será recompensado.

8/23/2011

SUPER 8

Publicado por Carolina Pardo Delgado |




“Yo sé que malas cosas suceden. Pero todavía puedes vivir…”

Para ser honesta, ya estaba un poco cansada de estas historias de alienígenas, de encuentros cercanos del tercer o del cuarto tipo, cuando un elemento muy especial en el tráiler llamó mi atención, cuando un grupo de infantes ruedan una mini-película o cortometraje mientras, misteriosamente un tren se descarrila.

Este filme, “Super 8”, toma su nombre del formato de la cinta de 8mm, -que nace a partir de la década de los 30, pero que conserva su mayor apogeo en la de los 70, precisamente, en la que se desarrolla esta historia-, con la que estos niños pretenden filmar una película entremezclada entre zombies y detectives.

Aunque puede que esta historia, que ciertamente bebe de ciertas fuentes como como “E.T”, o un poco de “Alien”, es innegable que la relación emocional que se teje tanto alrededor de sus personajes como en la relación que se genera con el espectador, llegue a alcances abismales tanto, que el factor alienígena se convierta en un componente casi aislado.

J.J Abrams, el director, recuerda haber tenido ambas esferas de la historia en su mente, tanto la del grupo de niños como una de monstruos, por aparte. Al unirlas, llama a Spielberg y crea la idea original de Super 8, aunque finalmente éste último también tomaría decisiones respecto al filme, por lo cual esta historia ambientada en los años 70 se convertiría más en una oda a aquella época que en un posible remake de filmes como “Los Goonies” u otras que podrían asemejársele.

Una nivelada selección de actores, tanto infantiles como adultos se nos convierte en un exquisito manjar. Aquel grupo de infantes nos recuerda a nuestra niñez, y por qué no, a nuestro actual grupo de amigos en el que cada quien aporta con su personalidad el equilibrio necesario para fortalecer una amistad a gran escala.

A destacar, la maravillosa Elle Fanning, a quien después de haberla visionado en “Somewhere”, -aunque, que me perdone Sofia Coppola sea éste para mi un sincero desperdicio de filme- se perfila como una líder en cuanto a sentido de la verdad se refiere. Finalmente, ella es la que cohesiona a su grupo y los invita a “jugar” libremente. En definitiva, no existe mejor actor que un niño, cuando el poder de la imaginación está en su plenitud, y es precisamente éste el ingrediente más certero que se requiere en un filme de ciencia ficción.

Una brillante composición musical junto a una perfecta dirección de actores de J.J. Abrams, quien abandera la ciencia ficción, cuando series de televisión como “Lost” figuran en su haber. Y quien no habría de ver este filme cuando marcas de éxito en territorio extraterrestre como “Steven Spielberg” figuran en la producción.

Puede que el final nos parezca muy cliché, que el alienígena central de la historia sea muy repetitivo tanto en su estructura anatómica como en sus movimientos, puede que ciertos elementos de heroísmo infantil en esta era nos parezcan además de inverosímil, infructuosos, aún así, nos terminamos creyendo una historia que sabe más a una hermética amistad infantil, -época donde los prejuicios en las relaciones se minimizan-, unidos por la pasión enfermiza de realizar mini filmes en un formato super 8, tal vez en una oda que el mismo J.J. ABrams, también guionista, le haría a la remembranza de los inicios del mismo Spielberg quien a sus doce años ya filmaba en el mismo formato.

Un guión bastante predecible no nos amilana la confianza depositada en este filme que señala la relevancia de la amistad que se genera en la niñez, más aún cuando ésta se ve a prueba a través de encuentros cercanos con una experiencia alienígena, finalmente, un filme que nos hace envidiar el pasado de una infancia en la que la vida nos parecía más simple y divertida y menos sombría.

Escena para no perderse: Absolutamente todas. Mención especial para la filmación en Super 8 cuando el tren se descarrila.

Mi recomendación: No vaya con altas expectativas y será muy recompensado.


7/27/2011

LA FLOR DEL DESIERTO

Publicado por Carolina Pardo Delgado |



Creerse un cuento de hadas es difícil cuando la historia no proviene de la realidad misma. Tenía que verlo para aceptar que era cierto. Y precisamente esta cenicienta existe, es la anterior top model y actual escritora, Waris Dirie, una activista de los derechos para prohibir la circuncisión femenina en algunos países de Africa, Medio Oriente y otros lugares.

Hablar de ablación genital femenina en el nuevo continente parece absurdo (y gracias a Dios que lo es), por ello, me fui en la búsqueda de una historia que abandera como mejor carta la realidad. Y pensé que sufriría tanto o más, aunque al final me llevé una sorpresa al verificar que es bastante digerible para el espectador común, a pesar de una que otra escena en la que dichas mutilaciones hacen su presencia.

Cuestionamientos se me vienen a la cabeza mientras la veo. ¿Qué tan factible es que dicha cultura pueda entender que éste proceso en el que millones de niñas mueren diariamente debe ser detenido o, por lo menos, minimizado en su más bajo porcentaje?

Fallas como la actuación mediana de la protagonista, Liya Kebede, -quien es una modelo-, uno que otro ritmo calmado en la narración y una composición musical bastante anacrónica para los tiempos actuales, que nos distrae un poco de la narración, además de varios flashbacks y flashforwards que casi nos pierden, son compensados por varios soportes secundarios en la actuación que brillan por su sentido de la verdad, no sin mencionar, una historia que por su contenido ágil y su narración directa se preguntan por qué “La flor del desierto” no pudo haber alcanzado a las salas nacionales.

Una dirección de actores bastante precisa de Sherry Horman, su director, junto a algunos movimientos de cámara un tanto tímidos, me hacen recomendar esta cruel historia, que más cuenta la belleza que la triste realidad de los años que esta mujer tuvo que enfrentar para poder acceder a su vida como supermodelo.

Un largo viaje entre escapar de ser vendida como cuarta esposa a la edad de catorce años, después de ser mutilada a la edad de tres, es una pequeña muestra del valor de Waris quien tuvo que cruzar un desierto para poder llegar mas tarde al éxito. Esas piedras en el desierto no son más que las dificultades que tenemos que afrontar día a día. Como me dice alguien muy cercano, algunos tienen una cruz más pequeña con la que cargan en la vida, otros la llevan más grande. Waris, cargó su cruz durante años y ahora es la vocera en contra de la mutilación femenina. Para algunos espantar los demonios cuesta un poco más de lo necesario, esperemos que haya más flores en la mitad del desierto y que cada uno de nosotros pueda encontrarla finalmente.

Escena para no perderse:
Absolutamente todas.

Mi recomendación: Es una historia bastante promedio para la calidad de la historia real, aún así vale la pena verla.

7/21/2011

LIMITLESS

Publicado por Carolina Pardo Delgado |



Si todos tuviéramos acceso a una píldora que nos presionara a utilizar más allá del 20% del cerebro que normalmente se utiliza, la tomaríamos sin ninguna duda. La pregunta estaría aquí: ¿comprometería usted su futura salud por dichas raciones de genialidad?

Hay algo que debo agradecerle a la producción de este filme, entre otros muchos elementos y es el casting de Bradley Cooper y el de un poco agotado, pero siempre preciso, Robert de Niro.

Nada pude disfrutar más que la creación del personaje de Edward Morra, el escritor con problemas de creatividad, en la fase crítica de la inexistencia de la anhelada “musa” y su metamorfosis hacia su lado oscuro, un hombre temiblemente ególatra, que brilla a través de la adictiva pastilla NZT la cual produce una prodigiosa agudeza mental de la cual liberarse le resulta sino imposible, por lo menos insufrible.

Uno que otro ajuste en el guión no le habría caído mal a este thriller, pero como ya estamos acostumbrados a dichos desajustes en las historias terminamos creyéndola entera, sumándole, la carismática presencia de Cooper, agradeciendo, además, una edición y voz en off que cuenta en un ritmo in crescendo y tan vertiginoso, que asemeja a una anterior “Fight Club”, por lo cual no hace sino absorber al espectador y dejarlo sediento y estupefacto.

Neil Burger, su director, quien ya nos había dejado absortos con “El Ilusionista” regresa para que pidamos más minutos de esta droga, un poco más adictiva que la usual carga de NZT del protagonista, refleja además que tiene un pulso excelente para sacar el máximo provecho de sus actores, hasta dejarlos exhaustos, prácticamente rogando.

Burger, igualmente, maneja un exquisito talento técnico en acercamientos y alejamientos de la cámara que lo transfiguran a un excelente festín visual para demostrar la paranoia, en tanto en que ejemplifica magistralmente la forma en como el cerebro produce la creación de alucinaciones como el temible efecto secundario de la pastilla.G

Una unificación entre las múltiples inteligencias del cerebro, de las cuales actualmente se habla de siete clases, es la muestra que Burger junto a Cooper, De Niro y su equipo técnico nos han dejado para analizar, en cuanto como seríamos si utilizáramos todo o si fuera posible, un mayor porcentaje de lo que normalmente se conoce “utilizable”, y así, poder aprender idiomas en un día, aprender a tocar el piano en otro, son sólo un poco de la muestra de lo que podríamos hacer si una droga como NZT existiera.

Escena para no perderse: Absolutamente todas. Especial mención para la escena de las letras desplomando, no hay mejor forma de explicar la creatividad de un escritor!!!

Mi recomendación: No se pierda de esta exquisita pieza de arte.

5/07/2011

FAST FIVE

Publicado por Carolina Pardo Delgado |







Con una amplia sonrisa y gran satisfacción salí de la sala de cine. Como gran seguidora a esta saga de acción, me remití a ir el día de su estreno. Un tráiler en el que la pesada bóveda de un banco es arrastrada por dos carros marca Dodge, -presuntamente- por todo Rio de Janeiro destruyendo todo a su paso, llamó mi atención.




Tenía un presentimiento de que no sería decepcionada. Y pasó más que solo eso. No sólo no fui decepcionada, sino que hubo varios elementos sorpresas para mí que no quise ahondar mucho en la búsqueda de imágenes o datos técnicos mientras su pre-producción.





Y cuando ingresamos al rápido de Five que ésta vez extravió el furioso, vemos el Cristo Redentor, símbolo art-déco inconfundible de la religiosidad en Brasil, y Justin Li, su director, hace gala de esta imagen reiteradamente para posicionar a su elenco multicultural en Rio de Janeiro, y los transporta hacia el lado sublime de la ciudad y, de la misma forma, los traslada hacia el punto deteriorado de la misma: las reconocidas favelas o asentamientos precarios en el cinturón de la miseria. Este contraste ya había sido resaltado en Ciudad de Dios o sin irnos tan lejos, en el filme animado Rio.

La icónica dupla equilibrada entre la fuerza y la dulzura de Toretto Y O’Conner, vuelve a brillar una vez más, con más fulgor que en las pasadas entregas. Ellos no necesitan excelsos momentos de actuación, porque el filme busca concentrarse en hacerle honor a su nombre a través de un elemento que se repite a sí mismo y no se desgasta: la adrenalina.





Y éste es precisamente uno de los motores de combustión –acaso el principal- que los enciende cada vez que se avistan los unos a los otros. Y ésta es la razón por la que sus seguidores hacen largas filas para poder verlos nuevamente, porque son la encarnación de la más pura libertad, de la manifestación de un ego creciente, la perenne búsqueda de la satisfacción propia por encima de todo y la creencia de que todo es posible en cuanto a extraer dinero de manera ilícita se refiere.



“Huir no es libertad”, es la consigna que invariablemente se repite a sí mismo Dominic Toretto -a través de la franquicia- cada vez que se le insta a irse para evitar su aprehensión. La primera entrada a escena de Toretto es vitoreada igualmente por hombres y mujeres, quien a pesar de ser un refugiado de la justicia es capaz de llegar a una sensiblería extrema sin derramar una lágrima.



Y para hacerle contraparte a Vin Diesel, no se necesita un agente especial analítico y sagaz, lo que se busca es un gigante que lo aplaste, aparece “The Rock”, o Dwayne Johnson, reconocido por su rol en El Rey Escorpión, quien finalmente cumple su papel de manera estricta en lo que es requerido: servirle de una ligera obstrucción en los planes de Toretto.



El ensamblaje actoral entre la diversa etnicidad del elenco que responde a la búsqueda de ampliar el target objetivo en el público, tanto en que éste tenga una cuota de representación en el filme tanto por raza como por edad, genera un equilibrio entre personalidades que crea una conexión con la audiencia en desmesuradas proporciones.

Como en todas las entregas de Fast, repite un estricto y seleccionado parque automotor como el actor más valioso, responsabilidad directa de Dennis McCarthy, -coordinador especial-. Un total de 200 de ellos destruidos que iban siendo reconstruidos en la noche para ser reutilizados en el día, según datos de producción.





Una cinematografía excelsa en Rio de Janeiro, junto a un, sino perfecto, por lo menos atractivo, ensamblaje actoral, un guión que responde estrictamente a lineamientos preestablecidos en esta franquicia, varias escenas cargadas de altas dosis de humor y brillantes secuencias de acción, muchas de ellas que contradicen toda ley física, y que aún así lo ignoramos, convierten a este filme en un espectáculo para todo ferviente seguidor de la saga.

Escena para no perderse: Absolutamente todas. Especial mención para el arrastre de la bóveda.


Mi recomendación: No se pierda de esta pieza de acción. Y quédese después de los créditos. Una sorpresa le aguarda!

5/01/2011

AGUA PARA ELEFANTES

Publicado por Carolina Pardo Delgado |














Teniendo en cuenta que el amor es un elemento de gran poder atractivo en las historias, y, tal como James Cameron se aventurara años atrás a valerse de los personajes de Jack y Rose para mostrar el hundimiento del Titanic, Sara Gruen, la autora del libro Agua para elefantes propone explorar esta obra como un compendio de la crueldad ante los animales a través de una historia de amor.








Y precisamente, es así como me gustaría ver más este filme, cuando el amor es un pretexto para puntualizar otros elementos, porque la relación amorosa entre los personajes interpretados por Pattison y Witherspoon cae en profundas aguas abismales, muy a pesar de los reiterativos e infructuosos esfuerzos de ésta última por demostrarnos que son el uno para el otro.



Es probable que muchas mujeres se encuentren rendidas por los incipientes encantos de Pattison, -que se semejan a los inicios a otro actor quien empezó a relacionarse íntimamente con sus personajes de manera tardía-, pero es definitivo que el casting de éste fue un desastre para la producción entera. Que es probable que alcance altos niveles de audiencia? Por supuesto que si. Una cosa es la belleza y otra muy distinta el talento. Y la belleza en el negocio del cine Hollywoodense, tal como se viene probando en años de recaudación económica, es casi que indispensable.
Y como todo héroe necesita un villano, tenemos a Christoph Waltz quien una vez más prueba la riqueza exploratoria de sus personajes oscuros que no se repiten a si mismos, y quien logra, a pesar de ser el verdugo de crueldades extremas e inexcusables, que las ignoremos y hasta por poco, perdonarlo.




Las restringidas locaciones utilizadas no empobrecen a la historia, al contrario, le otorgan cierta familiaridad al espectador, cual si entráramos en una casa para instalarnos ahí, cuando, precisamente lo que se desea señalar es la integración entre los distintos habitantes de un circo. Dicha relación se engrana a la perfección.



Otro elemento que aporta al detrimento del filme es el total despilfarro en su belleza cinematográfica, evocando a través de la lente y el vestuario, entre muchos otros menesteres artísticos, el contraste entre la depresión de los años 30 y la búsqueda constante de la elegancia exterior a pesar del período, que al parecer era constante entre ciertas personas de la época.





Fallos como una posible adaptación del guión, de una historia que si bien logra establecer ciertas denuncias en contra de la crueldad ante los animales, no logra conmover del todo, sumado a una obvia falta de química entre los personajes principales, y una dirección de actores ausente, que es constante en todo el filme, hunden esta historia tanto como el Titanic, a la cual irónicamente parece haberle prestado su inicio.



Escena para no perderse: Todas donde esté la elefante y Waltz, por supuesto.



Mi recomendación: No vaya con las expectativas muy altas y no será decepcionado.

4/09/2011

BIUTIFUL

Publicado por Carolina Pardo Delgado |






He salido de la sala pensando en que quería abrazar a Uxbal o a Bardem, ya no tenía idea si era el mismo, o si acaso era posible que en una anterior vida, este actor haya sido Uxbal.


Alejandro Gónzales Iñarritu, el director, nos viene acostumbrando a este tipo de historias en la que la pieza clave de la estructura de sus relatos se concentra en una conexión monolítica, y muy a pesar de su divorcio profesional con Guillermo Arriga –que a mi parecer es una de las catástrofes más grandes del cine actual-, Iñarritu logra en este filme mantener la usual interacción entre historias sin arruinar la principal.


Paralelamente, algunos de sus detractores tienden a señalar la extensa capacidad manipulativa de Iñarritu para mantener al espectador en una incesante angustia, y, extrañamente, ésta misma habilidad es la que lo ha posicionado como un director que sabe como apropiarse y destilar la verdadera agonía de la vida a través de sus imágenes.


Punto a favor. Bardem ha logrado sobrepasar las barreras de lo meramente ficticio y ha conseguido sumergirse de manera tan profunda, que es imposible diferenciar hasta donde llega él y donde comienzan sus personajes, y, a pesar de lo que se pudo haber pronosticado en lo que a su inclusión en el cine hollywoodense se refiere, éste talento no se ha visto desvirtuado en ningún momento.


Desde su complexión física, hasta la comunicación corporal que nos ofrece, en la que su personaje da pasos cortos demostrando una plena inseguridad con la vida, Bardem demuestra que tiene el absoluto control sobre su personaje y que no se le escapa hacia una posible sobreactuación ni tampoco le resta vida con una exploración mediocre.


Y vemos a Uxbal, y sufrimos con él, y lo acompañamos en una pluralidad de angustias, de ires y venires que marcan una vida llena de tragedias, y terminamos cuestionándole sus actitudes, sus errores que van enmarcados en una dicotomía moral que por conectarnos y amarlo, hace que se nos olviden sus crímenes y los pasemos por alto, como un acto altruista de perdonarlo a pesar de.


Uxbal es un personaje que poco se ve en la ficción, pero de la que estoy casi segura, podrá verse ampliamente en la realidad, luchando por lo inalcanzable, con una urgida programación mental de proteger y conservar su propia especie, sin importar los medios que se utilicen para ello.


En cuanto a fondo musical, reaparecen las cuerdas que hicieran famoso a Santaolalla en “21 gramos”, que se introducen para anunciar al enemigo, -esas etapas amargas de la vida-, en conjunto con una cinematografía de una amplia riqueza exploratoria, y una cámara en cinema verité que baila incesablemente al compás de Bardem.


La presencia de un alma compungida perennemente – la mía- a través de este filme que de Biutiful solo tiene el nombre, y que introduce de una manera sagaz ciertas dosis de horror en medio del drama con contados respiros, me obliga a recomendarlo muy a pesar de las aflicciones internas que pueda generar.


Porque una historia tan bien contada hace que sea imposible pensar que no es real.


Escena para no perderse: Todas.


Mi recomendación: Por su amplio metraje (casi las dos horas y media), y ciertas dosis de horror, si usted es una persona muy sensible, no la recomiendo para horas nocturnas.

3/30/2011

LOS OJOS DE JULIA

Publicado por Carolina Pardo Delgado |






Dos horas de taquicardia seguidas más una posterior al filme fue lo que conseguí tras este visionado.


Y aún así, no pude dejar de verlo.



Mi curiosidad venía reafirmada con tres nombres asociados: Guillermo del Toro, Belén Rueda y Luis Homar. No podría escaparme de ellos ni aunque quisiera. Incluso la más férrea de mis voluntades no me lo permitiría.



Y así fue como ingresé al horror de Guillem Morales, su director, el culpable de las tres horas que experimenté con el corazón palpitando en un ritmo infrecuente, quien no se cansa en demostrar,- a través de un filme que se toma mucho más allá del metraje necesario-, que es posible poder experimentar el horror sin arrojar sangre a por doquier.



Penetrantes escenas cargadas de erotismo en medio del horror hacen que esté terriblemente decepcionada de no seguir viendo a Luis Homar quien tiene una aparición significativa en calidad, aunque disminuida en tiempo. Homar, impregnado siempre de ese inconfundible halo erótico que destila en cada una de sus miradas y diálogos, es el único capaz de brindarnos los contados respiros que la historia requiere.


Y precisamente, dichos respiros al ser casi nulos en una historia en la que los conflictos de Julia van ligados en una cadena casi interminable de infortunados sucesos, generan una alta tensión que muy lejos de ser contemplativa –salvo en contadas escenas-, engendran una adicción cual mefistofélica droga.


Una de las mejores escenas de iluminación que no había percibido en mucho tiempo, captó mi atención en la que la luz proviene de una cámara fotográfica antigua y que va intermitente junto a la desesperación del personaje central. Una escena que tendrá una invaluable dualidad en tanto que podrá ser apreciada por los amantes del arte, y sufrida de manera simultánea por el espectador común.


Una brillante composición técnica, en la que planos inusuales, hacen un festín visual de la amplia gama de posibilidades en las que la cámara pude presentarse en beneficio y no en detrimento de la historia, en la que se ocultan ciertos planos u objetos, porque precisamente le tememos a lo que no se ve.


Y si la fe es la certeza de lo que no se ve, entonces, Julia padece de una fe ciega -literal y no- en que puede encontrar al supuesto “asesino” de su hermana. El personaje de Julia cuestiona al espectador en tanto si es necesario o no repetir la historia de su hermana ya que puede que persiga un similar destino con la misma enfermedad degenerativa del sentido de la vista, que la convierte en presa fácil tanto de la realidad como de una potencial esquizofrenia.

Como algo muy personal hay un guiño a "Psicosis" de Hitchcock que me pareció excesivo e infructuoso, hace que la plausibilidad del guión decaiga invariablemente al final, aunque el filme sea salvado posteriormente por la habilidad del suspense de Morales para retomarla.

Diálogos que fluctúan entre el erotismo, la poesía y el horror; memorables actuaciones tanto de Belén Rueda como de Luis Homar, y muy a pesar de alguna sobreactuación de un secundario y un metraje más largo de lo necesario; una cinematografía de tonos grisáceos y oscuros, una dirección técnica que pulula horror y adicción al por doquier se convergen para posicionar a este filme como una joyita para el séptimo arte.

Una inconfundible muestra de cuando el cine comercial y el artístico se entremezclan para seducir a cualquier espectador. Y un gendarme imprescindible para señalar que brotar excesivas cantidades de sangre no es lo único que puede generar una taquicardia.


Escena para no perderse: No se preocupe, que no querrá perderse una.


Mi recomendación: si usted es propenso a problemas del corazón absténgase de su visionado.







No sé si sentirme molesta o halagada. Este filme abre con una escena donde el protagonista, -que es un asesino a sueldo-, llega a Barranquilla, Colombia, ciudad donde vivo, a aniquilar a un supuesto jefe del cartel de droga, acto seguido corre a lanzarse de un puente, al cual increíblemente llega en cuestión de minutos, que presumo que es el Pumarejo.


Si esto no es risible en una historia, entonces, ¿qué lo es?


Precisamente en un taller de crítica al que asistí, se hablaba de los momentos no convencionales que no nos creemos cuando un filme presenta al lugar o situaciones relacionadas directamente con lugares que le son comunes a alguien.


Ese inicio presenta varios desequilibrios, entre el lugar que a leguas se nota no tiene nada que ver con la ciudad, hasta los guardaespaldas del supuesto Jefe del cartel que tienen presencia física de mexicanos. Incluso del hangar donde llega el avión privado del presunto narco, desconozco cuantos hangares habrá distintos a los del Aeropuerto Ernesto Cortissoz, pero dudo que sea tan fácil su aterrizaje.
Ahora, dejando a un lado estos hechos que se desvían de toda realidad que un productor podría haber averiguado, me limitaré a referirme a otros ítems.

Esta historia es un remake del año 1972 con Charles Bronson, en el que un “Mecánico” es un asesino a sueldo empleado por una organización delictiva en la que tiene “contratos” para aniquilar ciertos objetivos vía encargos personales.

No podría manifestar que tan inconexa o no sea la historia con su predecesora, lo que puedo aseverar es que tanto la presencia de Jason Statham en la pantalla grande como la de Ben Foster, no solo acaparará la atención de las mujeres. Statham, es poseedor de una alexitimia visual –le doy crédito a mi hermana porque es fanática de este actor y me guio a éste término-, que le hace merecedor a estar bien posicionado en el género de acción.



Ahora, hay una línea principal en la relación de maestro-aprendiz entre los personajes interpretados por Statham y Foster, que es la que termina sosteniendo el filme sin que se decaiga su fuerza narrativa, y que algunos críticos han tildado de “homo-erótica”, para mi es diferente a eso, es una relación que logra sostenerse entre la admiración Vs complejo de culpa, manteniendo una relación de equilibrio entre el autocontrol restringido (Statham) y la impulsividad e instinto asesino (Foster).

Una historia que si bien no le aporta nada nuevo al género, ni presenta escenas de acción muy impresionantes, pero que lleva consigo ciertos puntos de giro muy efectistas que cumplirán a cabalidad el propósito final del filme: un thriller palomitero que sobresale del resto debido a la apabullante presencia física tanto de Statham como de Foster y que se beneficia igualmente, de la sabiduría actoral de Donald Sutherland.

Escena para no perderse: Todas.

Mi recomendación: No se pierda este filme si es amante de la acción.

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