Perder a un hijo o una hija. Nótese que el término “perder” podría ser denotado simplemente como la huida física de este miembro a cualquier x lugar del mundo. Pero, ¿y si ese hijo, falleciera? ¿Y si dicha persona que usted creó con el mayor esfuerzo y amor que alguna vez imaginó posible, fuera asesinado? ¿Qué haría? ¿Sería usted benevolente con el infractor, o, en el peor de los casos, sería usted capaz de lo inimaginable para llevar a cabo una temible venganza?
Beneficiarse de una fórmula de la que se han obtenido excelentes resultados con anterioridad, puede o, muy fácilmente conducir un éxito o un fracaso. En el más deprimente de los casos, ser considerado como una mala imitación de la original.
No hay mayor pecado que desperdiciar por completo a un complejo de actores con los cuales se puede obtener una calidad suprema de pureza intimista y natural, como es el caso del veterano Mel Gibson, quien regresa delante de cámaras después de una ausencia de ocho años. Así mismo, desperdiciar a Ray Winstone, (Jedburg) obligándolo a una monotonía que raya en el aburrimiento, termina confluyéndose como insoportable. La ausencia de dirección de actores es cruelmente palpable. Los antagonistas están restringidos a un estereotipo tan común, que en vez de desviar la historia para que el espectador indague por su cuenta, te remarcan una y otra vez su clara incapacidad para sorprender.
Edge of Darkness, es la adaptación de una miniserie de Londres que se benefició de un éxito rotundo en el año 1985, dirigida por el mismo director del film, Martin Campbell, (Casino Royale). Si el traslado a la gran pantalla hubiese tenido cabida antes de que llegaran los films anteriormente mencionados, éste habría sido un éxito. Lamentablemente, para superar una línea que ha sido virtuosamente explorada con anterioridad, se ofrece como necesario un replanteamiento de la historia.
Esta es la sinopsis extractada literalmente: “Thomas Craven (Mel Gibson) es un veterano detective de homicidios del distrito de policía de Boston y un padre viudo. Cuando su única hija, Emma (Bojada Novakovic) de 24 años, es asesinada en las escaleras de su casa, todo el mundo supone que él era el objetivo. Pero él pronto sospecha lo contrario, y se embarca en la misión de averiguar la vida secreta de su hija y de su asesinato. Su investigación le lleva a un peligroso y engañoso mundo de encubrimientos corporativos, connivencia gubernamental y asesinato—y a un misterioso agente del gobierno, Darius Jedburgh (Ray Winstone), que ha sido enviado para eliminar las pruebas. La solitaria búsqueda de Craven de respuestas sobre la muerte de su hija se convierte en una odisea de descubrimiento emocional y redención.”
Se podría resumir como un thriller medianamente elaborado, con algunos toques sorpresivos, que ofrece una buena, aunque desgastada actuación central de Gibson.
Mi recomendación, si usted ha visto las mencionadas anteriormente, sólo remítase a ésta si es un admirador del trabajo de Gibson. Si no, déjela pasar.























Aún así, el film queda crudo. Falla que el tiempo no sea suficiente para cada estrella para brillar por sí sola. Falla que no exista una fuerte compenetración entre la estrella principal y cualquiera de las musas. Falla el acento italiano fingido de Lewis. Falla encasillar a Penélope Cruz con el mismo papel de femme fatale. Falla la poca profundización en los diálogos, lo cual es muy extraño porque provienen de Anthony Minghella (The English Patient). Falla finalmente que salgamos del cine esperando ver un “nueve” que nos devuelva con una sonrisota a nuestra cotidianeidad, pero lo único que hace es darnos un cuatro o un cuatro y medio. 
Así, el inigualable y casi perfecto, séptimo arte nos entrega visiones fantásticas (digo fantásticas por los efectos especiales y maquillaje, no por la realidad del hecho como tal), de una vasta representación de humanos mutantes, transformados en, a saber: Drácula (El más famoso de los vampiros humano). Frankenstein (Hombre-monstruo reconstruido). Y a ellos llegarían actores para representarlos como los legendarios Boris Karloff, Bela Lugosi Y Lon Chaney Jr, éste último personificaría en 1941 al Hombre Lobo.
Que la dirección artística de la época victoriana sea excelentemente traducida a través de los claros oscuros que nos ofrecen, que el maquillaje del lobo sea brillante, gracias a Rick Baker, que las escenas gore no sean desagradables y sean necesarias para relatar la historia, que la dirección sea aceptablemente entretenida como lo había hecho Joe Johnston en “Jumanji” y la tercera entrega de “Jurasic Park”, aún así el espectador que se enfrente a ver “El hombre Lobo”, sabrá que lo que más podrá apreciar serán efectos especiales, no espere demasiado porque saldrá muy defraudado. 


Muy diferente a lo que esperaba, “The Blind Side” es un drama light con ligeros toques cómicos (que se deben a Sandra Bullock), que se beneficia de ser una historia de la vida real y que responde a ciertos valores. Aún así, el film pudo haber manejado una mayor profundidad en cuanto a las actuaciones secundarias y el guión. "The Blind Side" pudo haberse convertido en un film más poderoso e inolvidable, solo termina por ser ligeramente entretenido y simplista. 

El Secreto de sus ojos, podría ser señalada, entonces, como fiel representante del cine noir. Un punzante y angustiante drama criminal con un profundo sentido nihilista, debido a la recalcitrante aparición de la negación de un principio ético, viva característica del sistema burocrático latinoamericano.
Con una co-escritura junto a Eduardo Sacheri, Campanella nos brinda un guión estructurado que funciona perfectamente en sus flashbacks, con riqueza de diálogos precisos y ágiles, sin olvidarnos de las liricas puntuales que lejos de empalagar, le brindan una fuerza atractiva y fácilmente identificativa para cualquier espectador.




Hoy me percibo entre la extraña y dubitativa opción de ser un Avatar o un desactivador de bombas con la mayor adrenalina del caso.



Aquella obsesión es la que más sobresale entre las demás, donde el personaje de Penélope es reafirmado como la diosa de las pasiones irrefrenables de dos hombres, tal como la visualicé en “Elegy” (2008) junto a Sir Ben Kingsley de Isabel Coixet (Un doblemente Must-see). Nos demuestra que aquellas intensas fijaciones ocultas en la vida real resultan siendo un abismo en la lucha interna de cada quien por querer parecer más “equilibrado” en la sociedad.
