“Escribir es un proceso doloroso que requiere un gran esfuerzo y noches sin dormir. Además de la amenaza del bloqueo del escritor, queda siempre una sensación de fracaso inevitable. Nada de lo que escribimos es lo que queríamos.” Octavio Paz.
Escribir es como enamorarse. Un proceso igualmente doloroso. No se extrañen entonces, que ambas acciones sean representadas con la misma ejecución brillante por el aclamado actor argentino, Ricardo Darín. De quien, por cierto, igualmente, he tratado inútilmente de evitar obsesionarme de la naturalista y acuciosamente hipnotizante calidad actoral que le caracteriza de manera innata y/o obtenida a través de la experiencia.

Lo acepto. Es primera vez que le advierto, que le aprecio y le digiero. Darín, gracias por tu inmensa capacidad de identificación y tu exquisita capacidad de introducirte en la piel de Benjamín Espósito.
Y así va la sinopsis: “Benjamín Espósito, secretario de un Juzgado de Instrucción de la Ciudad de Buenos Aires, está a punto de retirarse y decide escribir una novela basada en un caso que lo conmovió treinta años antes, del cual fue testigo y protagonista. Su obsesión con el brutal asesinato ocurrido en 1975 lo lleva a revivir aquellos años, trayendo al presente no sólo la violencia del crimen y de su perpetrador, sino también una profunda historia de amor con su compañera de trabajo, a quien ha deseado y amado fervorosamente y en silencio durante años. La novela que escribe Espósito nos hace recorrer los años 70, cuando en Argentina se vivían épocas turbulentas, el aire estaba enrarecido y nada era necesariamente lo que parecía ser.”
El Secreto de sus ojos, podría ser señalada, entonces, como fiel representante del cine noir. Un punzante y angustiante drama criminal con un profundo sentido nihilista, debido a la recalcitrante aparición de la negación de un principio ético, viva característica del sistema burocrático latinoamericano.Dentro de lo más atrayente de este film, se encuentra, sin duda alguna, el intachable ensamblaje en el casting, (ya que si falla una pieza, muchas veces falla todo), aunque Pablo Rago decae en unos niveles en las escenas finales, aún así, el resto de su actuación le sigue salvando. Dicho engranaje es bien logrado por su director Juan José Campanella, quien ha sido reconocido anteriormente como un excelente director de actores.
Campanella ya había guiado a su anterior film, El Hijo de la Novia (2001), a una nominación al Oscar en categoría de mejor película de lengua extranjera, para este año presenta El Secreto de sus Ojos en la misma categoría, justo en un punto de maduración que se deja entrever en la inmejorable calidad tanto técnica, como artística e interpretativa de cada uno de sus componentes derivándose hasta en el más ínfimo de sus detalles.
Con una co-escritura junto a Eduardo Sacheri, Campanella nos brinda un guión estructurado que funciona perfectamente en sus flashbacks, con riqueza de diálogos precisos y ágiles, sin olvidarnos de las liricas puntuales que lejos de empalagar, le brindan una fuerza atractiva y fácilmente identificativa para cualquier espectador.Su dirección técnica es el factor que mas ha llamado la atención a sus espectadores y críticos, debido a la complejidad de la misma para una producción latinoamericana, cámaras aéreas, junto a técnicas de cinema verité, conjunto de sombras y luces, imágenes en barrido que invitan al desespero, (especial mención la escena del estadio) se manejan espléndidamente al servicio del guión. Este conjunto se convierte en un festín para alguien que desee apreciar la técnica en toda su variedad y esplendor. 

Invariablemente no existe otro elemento dentro de la gestualidad corporal que hable más que los ojos. Si creamos un hábito de observación profunda podremos avistar mucho más de lo que creeríamos exponencialmente imposible. Los ojos no mienten, a menos de que estemos ante el mejor de los actores. Los ojos revelan e invitan a una reflexión propia, nos indican una carencia o abundancia. Por algo la química entre dos personas comienza en un ”click” no sonoro. Esperemos que seamos lo suficientemente hábiles para reconocer ese momento. Y poder descifrar así, El secreto de sus Ojos.

